Llega la recta final de la campaña electoral. Siento que esta ha sido una campaña diferente, no sólo por los hechos ocurridos hace unos días en Lorca y que aún nos estremecen el corazón; si no por esta modificación de la Ley electoral que nos ha impedido hacer muchas cosas a los partidos políticos que tradicionalmente solíamos hacer.
Todo se ha reducido a quince días extremos, en los que también siento que la cosa ha sido diferente a otros años, menos cartelería en las calles, menos publicidad electoral, menos gasto.
Pero me está siendo especial porque más que nunca estoy sintiendo el calor de la gente, sus necesidades y sus inquietudes. Algunas las comparto, otras quizás no, pero desde el diálogo llegamos a entendimientos. Eso es lo bonito de pedir el voto, no que intente comprarte con falsas promesas, si no que trate de convencerte con argumentos, hechos, y compromiso de trabajo demostrado.
Siento nostalgia, felicidad y emoción en el día grande de la democracia, el día del ejercicio del derecho al voto. Nostalgia de recordad cuando era pequeña y como se vivía ese día en mi casa, un día de fiesta. Felicidad por poder decidir por mí misma, y expresar mediante un gesto tan sencillo como echar un voto en la urna, lo que quiero para mi país, mi región o mi ciudad. Y emoción de vivirlo junto a miles de compañeros y compañeras que trabajan por unos valores, unas convicciones y unos hechos que defendemos como la mejor alternativa ante la hipocresía, la soberbia, el victimismo y la mentira.
La opción este domingo 22 de mayo es ir a votar, a decir que queremos para nuestro entorno, si la opción de la de la intolerancia y las falsas promesas o la opción del voto o la opción de los avances en derechos sociales, en ayudas, en políticas que resuelven los problemas de la gente, en personas que escuchan a la gente, y que con uno más del barrio en el que vives. La opción del voto al PSOE es tú opción.
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